Mauricio Lambiris: cuando la palabra también corre
Mauricio Lambiris construyó una sólida carrera deportiva dentro del Turismo Carretera. A su vez, forjó una identidad poco frecuente para la época: la de un piloto que nunca tuvo problemas en decir lo que piensa. En un ambiente donde la moderación, por no decir el silencio es el patrón común, el uruguayo asume un rol que pocos aceptan, el de argumentar sus ideas.
Todos los fines de semana, después de una carrera, la mayoría de los pilotos analizan el funcionamiento del auto, agradecen al equipo, lamentan un toque o se ilusionan con la próxima fecha. Es parte del ritual. Sin embargo, muy pocas veces esas declaraciones consiguen trascender. Pero cuando los reglamentos, la competitividad de las marcas, las decisiones técnicas o el rumbo de la categoría son temas que merecen ser discutidos, Mauricio Lambiris entiende que se puede aportar desde la palabra. No busca instalar polémicas ni disfruta ocupar el centro de la escena, en ocasiones solo impulsa una discusión o un reclamó en base a una realidad que puertas adentro muchos comparten, pero pocos están dispuestos a expresar.

Esa personalidad quedó expuesta en distintas oportunidades, aunque probablemente una de las frases que mejor lo definan haya surgido en 2024, cuando reclamó públicamente cambios reglamentarios para mejorar la competitividad de Ford; en una entrevista que brindó a Campeones afirmó: «No me sentí solo. Estuve solo”. La frase trascendía ampliamente el debate reglamentario. No era una queja ni una búsqueda de protagonismo. Según explicó, varios pilotos coincidían con su diagnóstico, aunque preferían mantenerse al margen de la discusión frontal. Él eligió el camino contrario.
Ese rasgo volvió a aparecer cuando el rendimiento del Chevrolet Camaro de Agustín Canapino se convirtió en uno de los temas centrales de debate en el Turismo Carretera. Mientras parte del ambiente alimentaba sospechas y teorías, Lambiris prefirió respaldar su postura con un razonamiento técnico antes que con especulaciones: «La categoría tiene todos los datos», sostuvo también a Campeones, convencido de que la ACTC disponía de toda la información necesaria para determinar si existían diferencias reglamentarias entre los modelos. No reclamaba beneficios ni insinuaba favoritismos; simplemente proponía que el debate se apoyara sobre números objetivos.
Ese mismo sentido de coherencia volvió a quedar expuesto hace apenas unas semanas, cuando decidió poner fin a su vínculo con el motorista Rody Agut. Lejos de cuestionar el rendimiento deportivo del hasta entonces su proveedor, Lambiris explicó que la ruptura obedecía al incumplimiento de un acuerdo previo en la preparación de motores: «No teníamos una exclusividad firmada, pero sí un acuerdo de que no podía hacer motores que interfirieran con nuestro campeonato», declaró otra vez al medio fundado por “Caito” Legnani. Más allá de la decisión, sus palabras volvieron a mostrar una constante en su forma de actuar: para el charrúa, la confianza y los compromisos asumidos tienen un valor tan importante como el rendimiento dentro de la pista.
No hace falta coincidir siempre con Mauricio Lambiris. Seguramente dirigentes, colegas e hinchas encuentren palabras para discutir varias de sus posturas. Sin embargo, hay un rasgo que se repite desde hace años y que resulta difícil de ignorar, rara vez improvisa una declaración para conseguir un título. Podrá acertar o equivocarse, pero en tiempos donde abundan las respuestas medidas, los discursos políticamente correctos y las frases que se olvidan apenas dichas, Mauricio Lambiris construyó una identidad distinta. No necesariamente porque siempre tenga razón, sino porque decidió ejercer algo cada vez menos frecuente dentro del automovilismo deportivo, el derecho a pensar en voz alta y a sostener sus ideas con argumentos.
Fuente: Campeones / Fotos: ACTC
