La primera fecha del campeonato de TC y de TC Pista en el Autódromo Enrique «Quique» Freile en El Calafate, deja una imagen muy difícil de soslayar. Mientras el Turismo Carretera llegó con 56 inscriptos, el TC Pista lo hizo con apenas 16. Cuarenta autos es una diferencia a considerar.
Es cierto que El Calafate implica un desafío logístico considerable. Las distancias, los costos de traslado y el contexto económico impactan. También es de considerar que el TCP está en un proceso de transición consolidando las unidades de nueva generación, a lo que se le puede sumar que las estructuras direccionan gran parte de los recursos a sus proyectos ya en el TC
Sin embargo, el dato frío —56 contra 16— expone una asimetría contundente. Si el Turismo Carretera mantiene un parque sólido, competitivo y en crecimiento, el TC Pista parece atravesar una etapa compleja que merece cuanto menos evaluar.
Si bien ahora hay otras maneras de llegar al TC el rol del TC Pista siempre fue estratégico. Es la categoría escuela por antonomasia y donde el recambio encuentra espacio; al retraerse, la dinámica deportiva cambia: menos competencia directa, menos referencias cruzadas y menor exposición para quienes buscan dar el salto.
La temporada recién comienza y habrá escenarios más cercanos a los grandes centros logísticos donde el número podría aumentar. También están los que por diversas cuestiones a esta carrera no llegaron y proyectos que todavía no se terminan de cerrar, pero el arranque en El Calafate deja una imagen concreta: mientras el TC no solo mantiene su volumen sino que lo tiende a incrementar, su divisional inmediatamente menor necesita recuperar densidad competitiva.
En un sistema donde uno alimenta al otro, garantizar una base sólida no es un detalle: es una condición indispensable.
TC Pista vieja generación. Fotos: LMD
